En el 30 aniversario de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales, el Gobierno ha declarado 2026 como el Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo. Una decisión impulsada por el Ministerio de Trabajo y Economía Social que debe ser llamada a reforzar la cultura preventiva desde la base.
Tres décadas después de la aprobación de la ley, los datos siguen siendo contundentes. En 2025, 735 personas perdieron la vida en el trabajo o en desplazamientos in itinere. Detrás de cada cifra hay una realidad que evidencia que el cumplimiento normativo por sí solo no es suficiente. La integración efectiva de la seguridad y la salud en la organización del trabajo requiere capacitación y formación constante.
Formación como eje de una prevención eficaz
La prevención solo es eficaz cuandose aplica y se interioriza en todos los niveles de la empresa. Y eso solo se consigue mediante una formación en PRL:
- Actualizada frente a riesgos emergentes.
- Adaptada a cada puesto y sector.
- Práctica y orientada a la toma de decisiones seguras.
- Integrada en la estrategia empresarial, no limitada a un trámite documental.
El aumento de los riesgos psicosociales, las enfermedades profesionales, la desigualdad en materia preventiva, el envejecimiento de la población activa o el impacto del cambio climático en la salud laboral confirman que estos retos exigen competencias nuevas y una revisión continua de conocimientos.
Compromisos que pasan por la capacitación
Reforzar la cultura preventiva implica asumir que:
- La seguridad y salud en el trabajo son un derecho fundamental.
- La legislación debe adaptarse continuamente frente a los riesgos emergentes.
- Es importante impulsar campañas de información y sensibilización.
La cooperación entre instituciones, empresas, sindicatos, trabajadores, servicios de prevención y centros formativos es esencial. Pero esa cooperación debe traducirse en planes de prevención sólidos que incluyan formación alineada con los riesgos reales del entorno laboral.
2026 debe ser el año en que las empresas den un paso más: pasar del cumplimiento formal a la prevención efectiva. Apostar por la formación en PRL no es un gasto, es una inversión directa en seguridad, productividad y reputación. La cultura preventiva no se impone. Se construye. Y se construye formando.
